BLOG DONDE INCLUYE TODAS LAS NOTAS PUBLICADAS A LO LARGO DEL AÑO DE NUESTRA PÁGINA EN EL FACEBOOK,RELACIONADAS A LAS DIFERENTES DISCAPACIDADES
jueves, 12 de enero de 2012
PROBLEMAS AUDITIVOS EN LOS NIÑOS
Información
Muchas veces, por antecedentes familiares, ciertos hábitos de la madre o
circunstancias del parto, se presentan casos de niños con trastornos auditivos,
los cuales deben ser tratados apenas se sospeche de su existencia, ya que,
mientras más temprano se comience el tratamiento en la vida del bebé, más
control tendremos sobre el problema
Los sentidos son la puerta por la que accedemos al mundo que nos rodea.
Gracias a la percepción de olores, colores, sabores, texturas, sonidos y
vibraciones, somos capaces de aprender a vivir en este mundo al que
moldeamos de acuerdo a nuestras necesidades o al que irremediablemente
nos sometemos.
Si falta alguno de los cinco sentidos se dice que los demás se desarrollan con
mayor intensidad. Por ejemplo, los ciegos suelen tener más agudizado el
sentido del oído y del tacto, y los sordos, desarrollan de una manera prodigiosa
otros sentidos como la vista, medio por el que pueden hasta seguir una
conversación con sólo observar los labios de otra persona que les habla.
Una deficiencia en el niño debe constituirse en una ventaja que permita hacerlo
más valioso como ser humano en la medida en que valore más su cuerpo y su
espíritu y, por consecuencia, a los demás. Una deficiencia en el pequeño debe
ser también una oportunidad para los padres que los ayude a apreciar mucho
más al género humano que -aunque, en apariencia, se encuentre íntegro
material e inmaterialmente- siempre tendrá imperfecciones que debe superar
durante su existencia.
Sospecho que mi hijo no oye
La madre es el primer detector de potencialidades y problemas en el bebé, y no
es para menos: lo tuvo nueve meses en su vientre, luego lo trae al mundo, en
el que lo alimenta con su propia leche, afecto y calor. Es ella la que, atenta a
todas las reacciones del pequeño, acude al pediatra en caso de que observe
ciertas actitudes como por ejemplo: se cerró una puerta violentamente cerca de
él y no se asustó, ni se movió, ni lloró; le tocaste una campanita, le aplaudiste
en su cara y ni siquiera cerró los ojos... ya va, no corras todavía al especialista.
Si además de la observación de ciertas actitudes en el bebé, tienes ciertos
factores de riesgo -como familiares con trastornos auditivos, sufriste procesos
infecciosos virales, como la rubéola, durante el embarazo; padeciste de
infecciones bacterianas y recibiste ciertos antibióticos en altas dosis,
consumiste drogas o licores en grandes cantidades... ¿Tienes alguno de estos
factores de riesgo?-, pues espérate un momento más, no llames todavía al
pediatra.
Cuándo nació el bebé ¿lo hizo por parto forzoso? ¿Tuvo por casualidad
algunos problemas con la oxigenación que lo hicieron ponerse azulito? o
¿Mostró problemas con el Rh de tu sangre, presentando altos niveles de
bilirrubina que lo hicieron tornarse de color amarillo? ¿Sí?
Bueno, aunque son circunstancias que pueden acompañar a algún niño,
inclusive al tuyo, no debes angustiarte. Ahora sí podemos llamar al pediatra,
quien debería escuchar todas tus dudas, indagar en todos estos antecedentes mencionados, y conocer del área de la otología, con el fin de que pueda remitir
al bebé a un especialista, si efectivamente tiene un potencial trastorno auditivo.
Los métodos para determinar el nivel de trastorno auditivo, pueden ser -de
acuerdo al especialista- de tipo conductual o no conductual. Los primeros
requieren una respuesta conciente del paciente mediante el aprendizaje de
estímulo-respuesta, adecuado para niños mayores de cuatro años. Los más
utilizados son las audimetrías tonales y vocales.
Los procedimientos no conductuales son aquellos que no requieren de una
respuesta conciente del paciente, por lo cual, son los más utilizados en niños
menores de un año. Las técnicas más comunes son las mediciones
otoacústicas y los potenciales auditivos del tallo cerebral.
Las mediciones otoacústicas constituyen el método más rápido y se utiliza para
el despistaje de problemas auditivos en grandes poblaciones. Las células del
oído interno son capaces de emitir ondas otoacústicas que son detectadas por
un equipo especializado, el cual es capaz de estimular para recibir una
respuesta o feedback que se traza en ondas y, de acuerdo a su frecuencia,
pueden ser indicadores de problemas auditivos.
Si las mediciones otoacústicas dan una señal de posibles problemas, se
recurre al potencial auditivo de tallo cerebral, técnica que sí permite determinar
con mayor certeza el nivel de audición. A través de tonos puros o sonidos de
banda estrecha, se estimula el oído para ver la respuesta, se colocan unos
electrodos en la cabeza del paciente y se comienza la estimulación. Un aparato
comienza a medir cómo es la respuesta eléctrica a través del tallo cerebral en
todo el recorrido por la llamada "autopista auditiva".
En el potencial auditivo se obtienen ondas constantes del estímulo en los
núcleos del tallo cerebral, ondas constantes que, si lo dejan de ser, se puede
sospechar que el niño no está escuchando
miércoles, 11 de enero de 2012
Retraso mental El X Frágil hoy
| Con una incidencia mayor en varones, el X Frágil se define como una de las causas más importantes de retraso mental. Los tratamientos actuales permiten una mejor calidad de vida a sus portadores y un par de nuevas investigaciones, junto a muchas otras ya en curso, abren buenas expectativas en relación con la reversión del cuadro. | |
Como su forma de transmisión es hereditaria, el hecho de que entre el 80 y el 90% de los casos reales no esté diagnosticado tempranamente, implica una preocupación respecto de su diseminación. Además, existen portadores casi asintomáticos (sobre todo mujeres), lo que hace todavía más difícil su constatación. El grado de afectación de las capacidades intelectivas varía notablemente. En ocasiones, apenas produce algunas alteraciones de la conducta, que bien pueden ser atribuidas a cualquier otra causa, como cierta agresividad o problemas leves de aprendizaje, y, pasando por toda la gama de posibilidades, en el otro extremo se encuentran sujetos con una afección tan severa que hasta se confunde con casos de autismo profundo. La frecuencia con la que aparece es mayor en varones (1 por cada 1.200) que en mujeres (1 por cada 2.500). Ello se explica porque el cromosoma X al que alude el nombre de este síndrome es uno de los que determinan el sexo de la persona. El otro es el Y. La combinación XY da como resultado un ser masculino y la XX, uno femenino. Como consecuencia de ello, las mujeres pueden tener afectado uno de los cromosomas X, mientras que el otro puede no estarlo. En cambio, en los varones, sólo puede resultar implicado el único que posee. A su vez, los X no sólo tienen incidencia en el aspecto sexual, sino que afectan a otras células del cuerpo, como, entre otras, las neuronas. Ello se debe a que controlan la producción de una proteína que regula las señales eléctricas entre las células del cerebro, la FMRP (Fragile X Mental Retardation Protein o proteína del retardo mental del X Frágil). En ese sentido, las mujeres, al poseer dos X, tienen mayores posibilidades de que la FMRP se produzca en la cantidad necesaria para un desenvolvimiento normal, porque puede estar afectado sólo uno de los cromosomas, mientras que en el varón, que tiene sólo uno para esa función, si este es defectuoso, no tiene manera de compensarlo. Parece existir una relación inversa entre la cantidad de esta proteína que se produce y el grado de compromiso de la persona. Es por todo esto que el retraso en el sexo femenino suele ser menor (CI entre 60 y 80, frente a 35-45 entre los varones). Asimismo, las características físicas asociadas aparecen más nítidas en los casos masculinos, mientras que en ellas se presentan más disimuladas y en muchas prácticamente no son perceptibles. Características físicas Además del retardo mental de intensidad variable, los portadores de X Frágil suelen presentar un fenotipo característico: rostro alargado, macrocefalismo, frente amplia, orejas alargadas y con inserción baja, prognatismo, maxilar agrandado, por citar las más frecuentes. Es para destacar que no todas se hallan necesariamente presentes en todos los individuos y que, a su vez, algunas de ellas pueden no resaltar notablemente. Otro aspecto frecuente es el macroorquidismo, que es el aumento del volumen testicular más allá de lo considerado normal, el cual se manifiesta tardíamente, usualmente después de la pubertad. Asimismo, se asocia este síndrome con escoliosis, laxitud en las articulaciones, tono muscular disminuido, pie plano y pecho deprimido. Por otro lado, además de estas características observables a simple vista, existen otras que requieren de estudios para reconocerse, como problemas en la válvula mitral (es la que regula el flujo de la sangre de la aurícula izquierda al ventrículo del mismo lado en el corazón), dilatación leve de la aorta ascendente (la primera porción de esta arteria, donde se originan las arterias coronarias), y también algunos cambios en la anatomía del cerebro y del cerebelo. Características mentales Uno de los principales problemas para su detección precoz es que los niños con X Frágil, sobre todo en la primera infancia, presentan síntomas que son inespecíficos. Mayormente aparecen como un retraso en el desarrollo, lo que, como se sabe, puede deberse a múltiples causas. Así, se manifiesta a través de atrasos en al área motora y del lenguaje. Recién con el paso del tiempo se va haciendo más evidente. Mientras que el 70% las mujeres, aun aquellas en que la mutación genética sea completa, su CI se halla en el límite con la normalidad baja, en los varones, el 85% se sitúa en el rango del retraso moderado a severo. Es usual que quienes padecen el síndrome produzcan movimientos estereotipados con el cuerpo, sobre todo de manos y cabeza. En cuanto a lo referido a la conducta, pueden manifestarse agresivos y tímidos (con períodos de alternancia), hiperactivos, con comportamientos repetitivos y hasta con rasgos autistas. Aun en los casos más leves, exhiben problemas de aprendizaje y de lenguaje, así como dificultades de comprensión y de respuesta a los estímulos sensoriales (sea por falta de ella o por hipersensibilidad), hasta el extremo de que es posible que se produzca el rechazo sistemático de los novedosos. También se reportan otros cuadros tales como demencia, ansiedad, déficit atencional, ecolalia, impulsividad, y muchos más. Patologías asociadas Si bien, en general, las personas con X Frágil no tienen mayores problemas respecto de su salud, pueden padecer de otitis (algunas que requieren intervenciones drásticas) y estrabismo. Aproximadamente un 20% de ellas suele sufrir de crisis convulsivas de tipo epiléptico, aunque aun no se sabe bien cómo se produce esta asociación. Las sospechas se dirigen hacia las funciones que regula el cromosoma X, que todavía no se conocen con exactitud. A su vez, los problemas arteriales citados (prolapso de la válvula mitral y la dilatación aórtica) es factible que en algunos casos produzcan soplos y que exista una tendencia a desarrollar trombos en la porción de la aorta afectada. Diagnóstico Uno de los aspectos a tener en cuenta para su diagnóstico es que debe hacerse una diagnosis diferencial respecto de otros síndromes, como el de Sotos, el de Prader-Willi, el autismo y el déficit de atención-hiperactividad, con los que presenta algunos rasgos en común, para que no se confunda. Más allá de las características físicas y mentales señaladas, que pueden dar la primera orientación, de todas maneras la última palabra deben darla los estudios citogenéticos, es decir, de los cromosomas, en este caso, específicamente el X. Las técnicas son variadas, pero la mayoría de ellas consisten en detectar la fragilidad, es decir, que se haya producido ese cambio que conduzca a confirmar la existencia del síndrome. Se incluyen técnicas de coloración, utilización de enzimas, etc. Es posible realizar análisis prenatales para detectar tempranamente la presencia del X Frágil, sobre todo en aquellas parejas en las que al menos uno de los dos (y con mayor razón cuando ambos) sean portadores, teniendo en cuenta que si la madre no lo es y el padre sí, se pueden descartar a las hijas, porque el varón afectado aporta el cromosoma Y y el X de la madre no tiene mutación. Tratamiento No hay cura ni prevención posibles, al menos hasta ahora, para este síndrome, pero sí existen tratamientos tanto para las afecciones asociadas como para aminorar y estabilizar los problemas conductuales. Además, se están desarrollando nuevos fármacos, de los que daremos cuenta. Se requiere de la multidisciplina para la mejoría del paciente, pues será necesario, además de los de la Medicina, que concurran profesionales de distintas áreas: especialistas en educación especial, psicopedagogos, psicólogos, logopedas, etc. Y también, como en todos los casos, resulta imprescindible la implicación del entorno en las diversas terapias y acciones a seguir, además de la contención afectiva. En algunos casos, se puede atemperar la ansiedad, la agresividad y la falta de concentración de los pacientes con algunos medicamentos, que tienen distinto grado de efectividad, según las personas que los reciban, que son los mismos que se utilizan para otros problemas de orden psicótico o del comportamiento. Pero la novedad de los últimos tiempos es que se halla en plena etapa de investigación la posibilidad de desarrollar drogas específicas para mejorar la condición de las personas con X Frágil. Las nuevas investigaciones En un artículo aparecido el pasado 5 de enero en Science Translational Medicine, se da cuenta de un ensayo muy prometedor respecto de los X Frágil. Hasta hace una década, pensar en revertir los efectos del retraso mental era utópico. Pero un estudio llevado a cabo en Suiza, patrocinado por un laboratorio medicinal y por Centre el Hospitalier Universitaire Vaudois, en Lausana, logró que sobre 30 pacientes con X Frágil, más de la mitad de ellos mejorara notablemente en diversos aspectos, que incluyen algunos relacionados con la estabilización de las conductas y la recuperación de otras habilidades, tales como la memoria y la concentración. La investigación se basó en conseguir una droga bloqueante de un receptor metabotrópico de glutamato denominado mGluR5, que interviene en la síntesis de proteínas en las uniones de las células nerviosas, que se torna hiperactivo ante el X Frágil. Reduciendo su actividad se reportaron las mejorías señaladas. De todas maneras, los propios investigadores advierten que la muestra es muy pequeña como para extrapolar los resultados al universo completo. Por ello, se halla en marcha un trabajo con un número mayor (160) de pacientes, a cargo del mismo equipo, liderado por el genetista Sébastien Jacquemont y el neurólogo Baltazar Gómez-Mancilla, que espera extender y mejorar los resultados a la brevedad, lo que en ciencia puede significar un período de meses o unos pocos años. En la misma línea se está trabajando en los EE.UU., en la Escuela de Medicina de la Universidad de Emory, en Atlanta, Georgia. En agosto de 2010 dieron a conocer que una clase de drogas denominadas phosphoinositide-3 (PI3), inhibidoras de la quinasa pueden corregir defectos anatómicos de las neuronas afectadas por X Frágil. Ellas parecen tener la capacidad de restablecer no sólo la apariencia de las células cerebrales, sino que, al igual que en la investigación previamente citada, restablecen los niveles de producción de proteínas en las sinapsis, lo que mejora la interconectividad entre ellas. Si bien en el artículo aparecido en Journal of Neuroscience se sugiere que estas drogas podrían ayudar a mejorar sustantivamente las funciones cognitivas y de aprendizaje en los portadores del síndrome, es necesario señalar que la investigación se halla todavía en la etapa de exploración de los efectos en animales. Gary Basell, profesor de biología celular y neurología en la mencionada Escuela, director de la experiencia, afirma: “Se trata de un primer paso muy importante para establecer un nuevo tratamiento para el X Frágil que trata el defecto molecular subyacente y que puede aplicarse también a algunas formas de autismo”. A su vez, Christina Gross, participante en el estudio y coautora de la comunicación, expresa que “Es un momento muy esperanzador en la investigación sobre X Frágil porque el progreso en las investigaciones ocurre a marcha rápida”. Esta vía investigativa todavía tiene un largo recorrido por seguir, pero sus autores y quienes le dan el soporte económico y logístico (los Institutos Nacionales de Salud y la Fundación Nacional X Frágil de los EE.UU.), creen estar en el buen camino, no solamente en lo referido al síndrome, sino que algunas de las drogas de la familia PI3 podrían ser útiles en el tratamiento de otras enfermedades, como algunos tipos de cáncer. Como final Sólo mencionamos las últimas novedades respecto de la investigación para el tratamiento de X Frágil, pero existen muchas más, lo que alienta expectativas de que estas y otras dolencias que implican retraso mental puedan revertirse. Hasta que alguna o algunas muestren su eficacia, el apoyo de la familia y los tratamientos actuales disponibles pueden hacer que la vida de estas personas sea realmente mejor. |
martes, 10 de enero de 2012
El niño cristal pseudo-autista
| El fenómeno del niño índigo | |
| De un tiempo a esta parte, coexiste una visión paradójica de ciertos niños que presentan características discordantes respecto de lo que son las conductas esperables. Desde la perspectiva de corrientes de pensamiento adscriptas a la New Age se los denomina “niños índigo” o “niños del tercer milenio”, con facultades especiales, mientras que la Psiquiatría los encuadra dentro de los TGD o del ADD. | |
También una posición extrema, aunque muchísimo más comprensible que las anteriores, sostiene que tener algún hijo o hija con discapacidad es una bendición, porque el contacto con ellos nos hace cambiar el punto de vista sobre las cosas de la vida y, en algunos casos, como aquellos que tienen algún grado más o menos importante de deficiencia intelectual, suelen aportar una eterna frescura infantil, muy inocente y afectiva, en un mundo que tiende a ser todo lo contrario. Pero en la última década ha comenzado una polémica respecto de cierta clase de niños, que aparecen rodeados de ciertas “capacidades” inusuales: los niños índigo y los niños cristal. Pasamos a explicar las dos posturas antagónicas que se ciernen sobre ellos. Una campana: los niños del Tercer Milenio Si buscamos en internet “niños índigo” o “niños cristal”, aparecen miles de páginas que hacen referencia a ellos desde una perspectiva que poco o nada tiene que ver con la discapacidad, sino, más bien, todo lo contrario. El adjetivo “índigo” proviene de aquellos que dicen que pueden leer el aura de las personas, quienes afirman que la de estos seres es de ese color. Según puede leerse en un portal, “Estos niños vienen a la Tierra con el propósito de ayudarnos a deshacernos de los viejos modelos. Por eso a menudo son calificados de rebeldes”. ¿En qué consiste esa condición especial? Los seguidores de estas tendencias espirituales aseguran que los pequeños así catalogados llegan al mundo con una nueva serie de patrones psicológicos, adosado a lo cual aparecen, también, estándares de comportamiento inusuales. Por su parte, los “cristal” serían aquellos que están en otro estadio, más cercano a la pacificación, es decir, que la misión de los “índigo” es la de romper con los sistemas de pensamiento tradicionales anquilosados, mientras que el objetivo de los “cristal” sería completar la tarea de los primeros, ayudando a la conformación de un nuevo mundo, de una nueva sociedad, más pacífica y espiritual. Ellos comenzaron a hacerse presentes en la década de 1980 (algunos remontan su aparición a una década antes). Siempre según esta corriente, poseen una estructura cerebral distinta de la ordinaria y hacen un uso diferenciado de los hemisferios, en el cual prevalece el derecho, por lo cual trascienden el plano intelectual-racional y se focalizan más en la acción, demandando de su entorno una adecuación a la forma en que ellos, merced a esas facultades extraordinarias que portan, perciben el mundo. También se postula que hay diferencias en el ADN, aunque no se especifican cuáles son ni cómo actúan. Por ello, ayudarán a que se acorte el hiato entre pensamiento y acción, lo que tiene sus consecuencias en la esfera del comportamiento moral. Actualmente, quien más, quien menos, todos tenemos una idea de qué es lo que está bien y lo que está mal. Sin embargo, frecuentemente actuamos de forma distinta de la que pensamos y no siempre de la mejor manera. Estos niños nos ayudarán a que esa distancia entre lo que creemos y lo que hacemos se minimice, lo que redundará en una sociedad más auténtica y transparente y, por ende, en la que sea posible confiar. También implican un cambio de focalización de las conductas humanas en lo que hace a quién debe ser el centro de la atención. Actualmente, señalan, ella se centra en el yo. Pero el ejemplo de estos niños nos llevará a ponerla en el prójimo, lo que derivará en una sociedad más justa, solidaria y armónica. Como no responden a las estructuras rígidas establecidas y, además, poseen una verdadera intuición para comprender la verdad de las intenciones, no es posible engañarlos. A su vez, tampoco tienen miedo; por lo tanto, tampoco es posible intimidarlos con sanciones del tipo que sean y no es posible constreñirlos a las pautas establecidas. Y tampoco aceptan la autoridad en sí misma. No se trata de que estos niños intencionalmente se propongan cambiar el mundo, sino que sus conductas despiertan en los demás la necesidad de cambiar, buscando novedosas formas de conexión con ellos que no se basen en los modelos tradicionales. Ello lleva a que quienes los rodeen deban buscar nuevos puntos de equilibrio emocional, lo que, a su vez, termina influyendo en un contexto mucho más amplio. Los cambios más significativos que producen se manifiestan, sobre todo, en el ámbito familiar y en el escolar. Las características que identifican a estos “niños índigo” son las siguientes: - Gran sensibilidad (sobre todo ante estímulos de todo tipo). - Poseen una gran carga energética, que muchas veces se manifiesta con hiperactividad. - Se distraen con suma facilidad. - Necesitan de un entorno estable. - Suelen frustrarse ante cualquier impedimento. - Mayormente, les cuesta relacionarse con otros. Señalan que algunos de ellos llegan a ser diagnosticados como portadores de ADD o, incluso, de autismo y otras patologías, pero que no existe una correlación entre unos y otros, aunque algunos puedan pertenecer a las dos categorías. Porque no se trata de una patología sino de un don, no hay que medicalizarlos ni ejercer sobre ellos tratamiento de ningún tipo, sino, por el contrario, tratar de aprovechar lo que ellos brindan. También explican que los “índigo” tampoco son todos iguales, sino que el factor común de ellos es la creatividad, la que pueden volcar hacia intereses de tipo humanista (les gusta trabajar con personas), conceptual (su área pasa más por las ideas y los proyectos), artístico y lo que clasifican como los interdimensionales, llamados a liderar cambios profundos. En el caso de estos últimos, se trataría de los más potentes, puesto que, además, por-tarían una especie de saber innato. Segunda campana: son niños con problemas Ante el surgimiento de las tendencias apuntadas, que predican algo así como la veneración de estos pequeños, se alzan otras voces que dicen, sencillamente, que lo que describen los pro-índigo son puras patrañas. Según los detractores la postura que ensalza a los “niños índigo”, es sabido que precisamente los niños con Trastornos Generalizados del Desarrollo, sea autismo, síndrome de Rett, de Asperger o cualquier otro, entre otras características, reúnen muchas de las que se señalan para los “especiales”. Lo mismo sucede con los ADD, con o sin hiperactividad, aunque quizás los hiperactivos encajen aun más en la categoría. De acuerdo con esta forma de verlos, el problema reside en que, en general, los que padecen TGD poseen un déficit en la integración sensorial del sistema nervioso, lo que deriva en una hiperreacción ante los estímulos, por lo cual, aquello que se señala como una percepción distinta como consecuencia de dones extraordinarios, no es otra cosa que una patología que hace que no puedan integrar lo cotidiano de algunos ruidos o el contacto con ciertos objetos, por ejemplo, a su experiencia. Si bien es cierto que la comunicación con un pequeño con TGD, ADD o con otras disfunciones similares importa tener que ajustar muchas de las conductas y replantear la forma de encarar la vida familiar y la escolar al producirse su incorporación (inclusiva o no) al medio educativo formal, ello no implica necesariamente un beneficio que repercutirá en la sociedad toda para crear un mundo mejor. Es más: un pequeño hiperactivo resulta más disruptivo que armonizador del medio en que se desenvuelve. Otro punto que se controvierte es el que hace al tema del tratamiento. Como se trata de una patología, no es posible dejarla estar, es decir, no hacer nada para intentar mejorar la condición de alguien que sufre una y que, al menos en lo que manifiesta en sus conductas y reacciones cotidianas, sufre por ello. Terapias y/o medicamentos son necesarios para intentar revertir o, al menos, mejorar la condición de estos niños, para controlar sus crisis y estabilizarlos. La distracción, la falta de noción ante el peligro, las rabietas, las conductas impulsivas y desafiantes, las dificultades en la vida de relación y las demás condiciones que se exhiben como dones, son en realidad, según los “no creyentes” síntomas a tratar, que implican desadaptación y sufrimiento. Tercera campana: el cristal con que se mira Desde un punto de vista aproximadamente racional y teñido de cierto escepticismo, se hace muy difícil creer que hay seres que llegan al mundo portando una misión, como proponen las infinitas teorías que provienen de lo que en conjunto se denomina New Age. La denominación “niños índigo” (en otros momentos llamados “niños azules” y “niños de las estrellas”, entre otros nombres que recibieron en las últimas décadas) podría tratarse de una metaforización del desafío que plantean, en un intento de hallar el costado positivo a conductas que pueden ser o no patológicas, pero que en todo caso suponen algo distinto a lo esperable. Tomándolo en esa perspectiva, es posible interpretar que se puede tomar como un llamado al respeto a las diferencias y a un intento de despatologización de los diferentes. Porque, del otro lado también se instala la polémica entre quienes predican que hay más casos de autismo y ADD de los que se quiere admitir y otros grupos de pensamiento contrario, que creen que hay una sobreexpresión de casos, que lleva a lo que se conoce como medicalización de la infancia y a la invención de nuevas categorías de problemas de conducta, que esconden otros problemas que no se solucionan con la administración de un medicamento. Conclusión: “no hay mal que por bien no venga” La disputa entre lo no convencional y lo tradicional en el campo de la salud es inmemorial. Y la que se establece entre lo espiritual y lo racional, largamente secular. En este caso, lo alarmante de la lucha de estas cosmovisiones es que quedan algunos niños en medio de la controversia. Hay que aclarar que todos somos excepcionales, seamos discapacitados o no, porque la condición humana es básicamente la diversidad. Las distintas maneras de encarar un problema llevan, obviamente, a resultados diferentes. Quienes cumplen la función paterna tienen una responsabilidad respecto de aquellos que están a su cargo, que es la de procurarles, dentro de las posibilidades de cada uno, el mayor bienestar. Las opciones que se nos plantean respecto de estos pequeños, pese a sus diferencias, tienen un punto en común, que es que hay algo en ellos que llama nuestra atención. La gran diferencia está en cómo encarar eso distinto, si a través de su aceptación como un don o una patología y, en caso de escoger esta última, establecer si es una específica y medicable en todos los casos o si algunos deben tratarse por esa vía y otros, por ser síntoma de otra cosa, requieren una solución alternativa. En todo caso, insistimos en el tema de la responsabilidad. Tal vez sea posible conjugar las cuestiones de fe con el racionalismo más acérrimo y podamos buscar un tratamiento para su sufrimiento y, a la vez, tomarlos como seres extraordinarios. Después de todo, los niños, cualquiera sea su condición, lo son. |
lunes, 9 de enero de 2012
Discapacidad psicosocial: cuando el entorno discapacita
| La discapacidad psicosocial es la que enfrentan las personas con enfermedades mentales debido a la discriminación y a las barreras de actitud que les impiden participar de la vida activa de sus comunidades. Se estima que solamente en los Estados Unidos el costo social de las enfermedades mentales no tratadas o mal abordadas que han derivado en una discapacidad psicosocial supera los cien mil millones de dólares anuales. Al acuñar este término, los especialistas acuerdan en que la discapacidad es por sobre todo una cuestión de contexto que le compete a todas las personas y que si esta responsabilidad no es asumida a tiempo, el impacto de las consecuencias repercutiría en el conjunto de la sociedad. | |
viernes, 6 de enero de 2012
Bebés con discapacidad
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jueves, 5 de enero de 2012
Pautas de los cuidados de la salud de las personas con Síndrome de Down
Las personas con síndrome de Down necesitan someterse a las mismas exploraciones y normas de atención sanitaria que cualquier otra persona. Por ejemplo, los niños con síndrome de Down necesitan las habituales vacunaciones y los cuidados infantiles recomendados por las autoridades sanitarias. Las prácticas de vacunación evolucionan continuamente, por lo que hay que asegurarse de que se usan los protocolos mas actualizados. Del mismo modo, a los adultos con síndrome de Down hay que explorar su salud de acuerdo con las prácticas habituales. Sin embargo, los niños con síndrome de Down tienen mayor riesgo de presentar ciertas anomalías congénitas, y tanto los niños como los adultos pueden desarrollar ciertos problemas médicos que se dan con mayor frecuencia en las personas con síndrome de Down. Más adelante vamos a describir un programa o catálogo de las pruebas y evaluaciones complementarias que se recomiendan para los niños y adultos con síndrome de Down. Pero al seguir estas recomendaciones se deberán tener en cuenta la experiencia local y los patrones de referencia. Están basadas en nuestro nivel actual de conocimientos y habrán de irse actualizando conforme dispongamos de nueva información. Dentro de una visión moderna sobre atención sanitaria se incluyen las previsiones en el campo de la educación y del desarrollo, por lo que hemos incorporado la información y las recomendaciones específicas para cubrir estas necesidades de las personas con síndrome de Down.
Estas recomendaciones constituyen un conjunto ponderado de las aportaciones de muchos expertos clínicos implicados en la atención de las personas con síndrome de Down. Reflejan la normativa y la prácticas actuales de atención sanitaria en los estados Unidos. Han sido diseñadas para una audiencia amplia: profesionales sanitarios que proporcionan atención primaria como pediatras, médicos de familia, clínicos y genetistas, así como especialistas, personal de enfermería y otros profesionales sanitarios afines, como terapeutas físicos y ocupacionales, fonoaudiólogos y foniatras. Además de dirigirse a los educadores y a quienes imparten la estimulación precoz, estas pautas están diseñadas para que los padres y demás cuidadores las usen en conjunción con los profesionales que participan en la atención de la persona con síndrome de Down.
Algunas recomendaciones están claramente respaldadas por el actual conocimiento científico:
Estas recomendaciones constituyen un conjunto ponderado de las aportaciones de muchos expertos clínicos implicados en la atención de las personas con síndrome de Down. Reflejan la normativa y la prácticas actuales de atención sanitaria en los estados Unidos. Han sido diseñadas para una audiencia amplia: profesionales sanitarios que proporcionan atención primaria como pediatras, médicos de familia, clínicos y genetistas, así como especialistas, personal de enfermería y otros profesionales sanitarios afines, como terapeutas físicos y ocupacionales, fonoaudiólogos y foniatras. Además de dirigirse a los educadores y a quienes imparten la estimulación precoz, estas pautas están diseñadas para que los padres y demás cuidadores las usen en conjunción con los profesionales que participan en la atención de la persona con síndrome de Down.
Algunas recomendaciones están claramente respaldadas por el actual conocimiento científico:
- Detectar anomalías cardíacas congénitas: Es el caso de las ofrecidas para detectar la presencia de anomalías cardíacas congénitas, que aparecen en alrededor del 50% de los recién nacidos con síndrome de Down. En otros casos las recomendaciones no representan más que nuestras fundadas conjeturas.
- Añadir exploraciones de tiroides a los 6 meses de edad: Al comprobar que en los niños con síndrome de Down hay un aumento de disfunción tiroidea, recomendamos que se sigan realizando pruebas tiroideas cada año por si aparece hipotiroidismo. Pero no tenemos certeza sobre cuál debe ser la periodicidad más apropiada de este análisis, ni sobre su naturaleza: con qué frecuencia y cuál es el análisis más adecuado.
- Comprobar talla, peso y circunferencia de la cabeza:Asegúrese de utilizar las curvas de crecimiento específicas para el síndrome de Down, además de las habituales, para comprobar la talla y peso (desde el nacimiento hasta los 18 años) y la circunferencia de la cabeza (desde el nacimiento hasta los 36 meses). Si un niño se encuentra por debajo del tercer percentil, o sus valores se encuentran fuera de los percentiles previstos, considere la posibilidad de que haya una cardiopatía congénita, o trastornos endocrinológicos (tiroideos o hipofisarios), factores nutritivos. Puesto que los niños con síndrome de Down tienden a desarrollar sobrepeso, use siempre las relaciones "peso-talla" sobre las curvas de crecimiento de los niños con desarrollo normal; eso le dará un cuadro más realista de lo apropiado que sea el peso del niño.
- Evaluar la audición en el momento del nacimiento y cada 6 meses en adelante hasta los 3 años.
- Evaluar la visión a los 6 meses de edad y después cada año.
- Explorar la enfermedad celíaca entre los 2 y 3 años.
- Explorar radiográficamente la inestabilidad atlantoaxoidea una vez entre los 3 y 5 años, y después si lo necesita para Special Olympics
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